Regresamos
al bus para tomar el ferry de vuelta y ya en el continente nos dirigimos a otra
isla para pernoctar en ella. Leucade, a la que accedíamos a través de largo
puente sobre unos de los brazos de mar.
10/12/2018
Bitácora de viaje. Día 4. Metsovo y la isla de Corfú.
10/11/2018
Bitácora de viaje. Día 3. Kalambaka: el Valle de Meteora.
Partimos
temprano con destino al Valle de Meteora, Unas cuantas horas como para recordar
de la mano de Reyes, nuestra guía y coordinadora en la etapa griega, un poco la historia de Grecia, en ese mientras
tanto que duraría más de 400 km. Pasamos por Maratón, símbolo actual del
esfuerzo de nuestros corredores que deben realizar sus 42 kilómetros, tal como
aquel Filípides que recorrió esa distancia hasta Atenas para anunciar la victoria
sobre el ejército persa (490 ac). O el paso de las Termópilas, en el que vemos
el desfiladero con sus “puertas calientes” y la extensa playa donde se había
estacionado el ejército persa y que Leónidas con sus 300 defendió la entrada
incluso con su muerte, tal como lo había establecido el oráculo.
Más
tarde nos detendríamos para almorzar para llegar a Kalambaka hacia la media
tarde. Cuando comenzamos a ver las formaciones geológicas a la distancia, la
emoción también se agrandaba porque se unieron en un solo lugar un
acontecimiento geológico de millones de años
y una historia religiosa importante. Las formaciones
rocosas, según los antiguos escritos cristianos han sido "las rocas enviadas por el cielo a la
tierra" para permitir a los griegos
retirarse y rezar. Nunca hubieran imaginado aquellos monjes que este lugar
sería el segundo más visitado en toda Grecia. El descanso y la paz buscada en
aquellos tiempos de misticismo y contemplación, hoy se encuentra totalmente
interrumpido por la mirada ávida del turista,
la necesidad de orar de los religiosos y el asombro de la mayoría de los
visitantes.
Existe un circuito de casi veinte
kilómetros con una buena ruta y distintos miradores para poder apreciar y
fotografiar esos monasterios que a veces uno cree que vencen a la gravedad.
En la actualidad han sido declarados
Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. San Esteban está regenteado por
monjas que atienden a los visitantes que en tropel acceden a ellos. Difícil
sustraerse a la belleza del lugar en lo interior o en el paisaje exterior que
lo circunda. Nosotros no dejamos de emocionarnos ante tanta grandeza y admirar
la mística del lugar y de sus religiosos. Salvo el monasterio que visitamos (Agios
Stephan) al que se accede de un modo fácil a través de un puente, el resto de
los monasterios son escalables y hay que subir demasiados escalones para
visitarlos.
A pocos kilómetros, en Kalambaka,
encontramos nuestro hotel para descansar. Era de noche.
10/10/2018
Bitácora de viaje. Día 2. Atenas
A medida que transitábamos los pasos para acercarnos al
Partenón descubríamos la verdadera ciudad de aquella antigua Grecia, ciudad
montada sobre la colina para hacerla inexpugnable y segura. El signo de Pericles se ve en cada paso de
aquellos monumentos que uno imagina como enteros aún cuando le falten un
porcentaje alto de sus piezas.
El
calor intenso pasado el mediodía, el cansancio de una noche no muy calma, hizo
que renunciáramos a entrar en el Museo de la Acrópolis. Mucha historia sucedió
sobre la colina. No sólo la griega, sino los romanos que la ocuparon, el
cristianismo, el islam, sin dejar de citar a naciones modernas que se llevaron
sus riquezas arqueológicas a otros lados. La colina se ve desde todos los
puntos de la ciudad, incluso de noche refulge con una presencia inusitada.
Por la
noche decidimos conocer la movida de Atenas y nos dirigimos hacia el centro
dinámico de la ciudad que es el barrio de Plaka, donde, luego de recorrer sus
callecitas, repletas de tiendas de todo tipo, decidimos elegir un restaurant
para degustar la comida griega. Un estofado de carne de cordero acompañado de
una papas y una cerveza fueran la clave de la cena.
Un inesperado
acontecimiento fue la frutilla del postre. Habían pasado más de 60 años en que
nos buscábamos mutuamente luego de nuestro egreso de la primaria. Nunca nos
volvimos a encontrar. Solo la casualidad, el destino o la charla informal que
se realiza en el sereno descanso de las vacaciones, nos permitió encontrarnos,
en la mesa de al lado con un compañero de la primaria: Miguel Angel. Sorpresa, gritos, cerveza en manos, nos
abrazamos como nunca lo pudimos hacer. Pasaron los años pero los timbres de
voz, los rasgos de la cara y el entusiasmo
nos permitió reconocernos en forma inmediata.
Fue un cierre hermoso y
emotivo de nuestro encuentro. Tenía que ser en Grecia. Y nos fue encaminando
toda vez que suspendimos una cena, dijimos que no en otro restaurante y nos
acercamos a ese. El destino.
Evidentemente el oráculo del encuentro se había cumplido. El Partenón en la
cima de la colina lucía iluminado y presente.-
10/09/2018
Bitácora de Viaje. Día 1.- Grecia – Turquía
Cuando debíamos elegir el itinerario de nuestro viaje y
decidimos Grecia teníamos unas cuantos razones en la mente. No sólo la cultural
que por si misma habría justificado plenamente los motivos del viaje, sino
también queríamos acercarnos a las entrañas de un país, a sus paisajes, a sus
historias porque entendíamos que esa diversidad (filosofía, ciencia, religión,
mitos, tradiciones y gente) es lo que siempre hizo volar nuestra imaginación.
Justamente,
esa imaginería existía desde pequeños donde lo griego resultaba no sólo
resultaba emocionante (la lógica, el pensamiento, su historia) sino también,
misteriosa. Lo mismo nos sucedía con
Turquía: el mundo sintetizó en esa región una verdadera historia. Era nuestra
intuición que nos llevaba a visitarla. Observar
esos paisajes alucinantes, las historias de las religiones en cada uno de los
siglos desde el imperio romano, el bizantino, las cruzadas, el otomano y
finalmente la república.
Por supuesto que algo conocíamos de ambos países pero comenzamos a
interesarnos por aquellas cosas que no eran conocidas por nosotros.
Por
ejemplo, el significado de sus
respectivas banderas. Es lo primero que miramos. La de Grecia con sus bandas
azules y blancas tienen un significado muy especial. Las azules representan su
mar. El blanco es la espuma del mar y la
nieve de sus montañas. La cruz significa su gente, en un porcentaje altísimo de
religión cristiana ortodoxa. Las cantidad de bandas azules y blancas sintetizan
un par de palabras muy significativas para ellos: eleuthería oí thánatos,
libertad o muerte, las
consignas de su independencia. Cada una de ellas llevaría una silaba de esas
palabras.
.
La bandera de Turquía con su fondo
rojo intenso explica la sangre derramada a lo largo de sus guerras. La
incorporación del rojo provino luego de un fondo verde.. Y la media luna y la
estrella tienen muchas explicaciones. La más común es haberlas visto reflejadas
luego de las batallas (rojo) como símbolo de la victoria, del islam, de la
libertad. Todas ellas explican el profundo significado de sus símbolos.
En
nuestra mente existía Santa Sofía desde que éramos pequeños, al igual que el
Partenón. Y su significado lo fuimos conociendo con el tiempo. Sólo faltaba
verlos.
Y con esta carga cultural, con
todos los deseos e intenciones, tomamos el avión y partimos hacia Atenas, vía
Amsterdan. Un viaje apacible hasta que una
voz de emergencia que nos llevó a un aterrizaje rápido en Madrid. Debían
desembarcan un pasajero con problemas muy serios de salud. Demoramos un par de
horas. La salida se produjo con un sonoro aplauso hacia el médico (pasajero) y
el capitán quienes decidieron aterrrizar rápidamente. Esta solidaridad, tan
importante nos hizo olvidar que habíamos perdido las conexiones hacia Atenas,
las que debimos tomar muy a la noche y llegamos a la madrugada a esta ciudad.
Tanto que solo tuvimos un par de horas de sueño antes de comenzar recorrido.
Nuestro camino del aeropuerto al hotel solo nos mostraba calles y luces y no la
Atenas que habíamos esperado. Debíamos esperar el día siguiente.-
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