7/28/2016

Bitácora de viaje – Día 11 – Strattford upon Avon - Oxford



Siempre, en todo recorrido, nos hemos encontrado con una ciudad encantadora, bella y existe una razón para ello. Esta vez fue Strattford upon Avon (al lado del río Avon). 
Se trata nada más ni nada menos que de la ciudad donde nació William Shakespeare.

 ¿Lo conocen? Seguro. Si no lo ha sido por la lectura de sus libros, lo fue por las películas o por las narraciones (Romeo y Julieta, Hamlet) y si no tal vez por la música. Pero, siempre, hemos oído hablar de él. Como de Cervantes.

Pasar por su casa te llena de esa emoción respetuosa. No entramos. Nos dijeron que no existe nada de su época. Salvo el cascaron externo de la casa el resto es distinto. No fue así cuando visitamos la casa de Goethe en Frankfurt que la tienen como la dejó el autor. Realmente un verdadero testimonio de su vida. En este caso, una pena. No obstante, mucha gente con ese pensamiento y ese respeto por un autor que ha trascendido todas las barreras del Reino Unido, de la lengua inglesa para ser parte, como dicen algunos,” no del tiempo, sino de la eternidad”.


Y uno, mientras va caminando se hace la misma pregunta que se hacía Hamlet “Ser o no ser” o recordaba esos amores imposibles de Romeo y Julieta. Fue el creador del teatro isabelino, aquel recinto hexa y octogonal con dos o tres pisos para los espectadores.


No ha sobrevivido ninguno de ellos ya que eran de madera y uno lo puede recordar si ha visto Shakespeare Apasionado. Sus personajes, capaces de hacer el bien o el mal, o ambas cosas, se distinguen siempre por su libertad. El teatro, la poseía, todos los géneros literarios han sido recorridos por este gran autor. Su ciudad lo recuerdo con amor. En todos lados se respira esa admiración y tal vez el mejor homenaje es ese teatro que se encuentra junto al río Avon, lleno de cisnes y aves y pájaros multicolores. Es el RSC (Royal Shakespeare Company). Una hermosa construcción sobre el río y el parque, donde las más grandes personalidades del teatro y del cine han trabajado en sus escenarios (Paul Scofield, Diana Rigg, Peter Weiss, Judi Dench, Alan Bates, Kennet Bragham, Harold Pinter, Glenda Jackson, por citar algunos).

Recorrer las orillas del río, en forma descansada y disfrutando del verde, del rumor suave del agua, del siseo de los cisnes nadando cerca, seguramente a la espera de algún cereal de nuestra parte fue un momento sumamente agradable. Recorrer el parque y llegar hasta la Iglesia a la que no pudimos ingresar por que se celebraba un matrimonio, debimos conformarnos con mirarla desde fuera (y es muy bonita igual) para comenzar a retroceder por el camino andado y seguir viaje.


La próxima parada fue Oxford. De algún modo, una para deseada. Siempre conocida por los libros, por los grandes pensadores que salieron de su universidad, por las innumerables películas que la tienen como escenario, llegar y caminar sus calles es un momento muy particular.



Su universidad, la más antigua de habla inglesa, es junto con la de Cambridge la más importante. Fundada a fines del S. XI para evitar que los ingleses se educaran en Paris, se comenzaron a congregar en distintas casas-habitaciones que con el tiempo resultaron los famosos Cólleges o lugares donde se enseñan las asignaturas más importantes, ya sean de grado, de postgrado, por especialidades o por géneros (sólo hombres o mujeres).

Las malas lenguas dicen que en lo científico anda adelante la de Cambridge en cambio la de Oxford se distingue por las ciencias humanísticas. Inverificable. Más de 40 cólleges con sus bibliotecas, sus capillas y sus campus conforman parte de esa ciudad.


El resto es una ciudad industrial, no muy grande, pero importante, particularmente en automotores. Los últimos primeros ministros de Inglaterra han egresado de Oxford. Políticos, Arzobispos Medallistas olímpicos y escritores completan la suma: Lewis Carol (Alicia), Aldous Huxley, Oscar Wilde, Tolkien (el señor de los anillos), Grahan Green. Economistas como Adam Smith y matemáticos como Albert Einstein pasaron por allí.
Pero no es solo un escenario para la ciencia. Lo es también para el cine. Todos recuerdan algunos lugares de esta “ciudad de las agujas” en muchas de las películas filmadas ahí, Desde Harry Potter, Alicia en el país de las maravillas y algunas series de detectives.

La partida de Oxford se hizo bien entrada la tarde y llegamos a Londres para la cena. Ese fue el momento de la despedida con el grupo con el que anduvimos a lo largo de diez días. La organización de Europamundo fue excelente. Por el recorrido elegido, sus hoteles, el cumplimiento de todo lo ofrecido y por habernos brindado una coordinadora de lujo como ha sido Verónica Rao García, quien con su acento portugués nos acompaño y brindó no sólo información sino también calidez y amistad. Un beso grande, Verónica.

7/27/2016

Bitácora de viaje – Día 10 – Caernarfon - Liverpool


El día amaneció temprano ya que debíamos tomar el Ferry en el puerto de Dublín para cruzar a la isla de la Gran Bretaña. Me impresionó el Ferry ya que parecía un moderno crucero. Dos o tres pisos para los vehículos y cinco pisos para los pasajeros de los vehículos, ya que no se puede embarcar como “pasajero de a pie”. 
Moderno, cómodo, con cine y medios audiovisuales incluidos y una vista del mar del Irlanda importante. Desembarcamos en el puerto de Holyhead que está situado en la isla de Anglesey, Gales del Norte. Se encuentra en una posición estratégica, protegido de la montaña Holyhead y por un inmenso  rompeolas de más de 2 km de. Sobre  aguas profundas se encuentra siempre en actividad por encontrarse  situado en la costa del mar de Irlanda a poca distancia de varios centros urbanos importantes, tanto en el Reino Unido e Irlanda.


Tras cruzar el puente Britannia llegamos a Caernarfon, un pueblo medieval declarado Patrimonio de la Humanidad, situado a la orilla del mar en el territorio de Gales. Un impresionante castillo dominando la bahía sobre sale en un paisaje de callejuelas medievales, en ese castillo desde el S. XIV son coronados los herederos a la Corona principalmente aquellos que devienen del Príncipe de Gales.


El castillo tiene una pinta hermosa y bien situado pero no lo visitamos. Un poco porque ya vimos muchos de ellos y otro porque no se encuentra vestido y preparado para vivir en forma permanente que es la ventaja que ponen para ser visitados. De todos modos, una vista de este castillo me produjo una sensación de antigüedad olvidada y me hizo recordar aquellos hermosos versos de María Elena Walsh (la música la ponen los que la recuerden):
 Los castillos se quedaron solos,
sin princesas ni caballeros.
Solos a la orilla de un río,
vestidos de musgo y silencio.

A las altas ventanas suben
los pájaros muertos de miedo.
Espían salones vacíos,
abandonados terciopelos.

Ciegas sueñan las armaduras
el más inútil de los sueños.
Reposan de largas batallas,
se miran en libros de cuentos.
Los dragones y las alimañas
no los defendieron del tiempo.
Los castillos están solos,
tristes de sombras y misterio.
Esta ciudad reclamó originalmente la capitalía de Gales y lo fue oficialmente hasta que en 1955 lo fue la ciudad de Cardiff. No obstante esta ciudad (probablemente olvidada por muchos argentinos) fue propuesta para ser hermanada con la ciudad patagónica de Trelew. La razón estaba que en Caernarfon  nació Lewis Jones, idealizador de la colonización galesa y fundador de la misma en Argentina. Esto fue en el año 2015 pero no he encontrado noticias sobre este tema. Alguien me contestará seguramente.



Rodeando las playas tanto de Gales como de Inglaterra llegamos a Liverpool. Ciudad portuaria por excelencia, fue la base de la política esclavista y colonial de Inglaterra durante varios siglos, transformándose en el segundo puerto en importancia después de Londres. Durante la revolución industrial, junto a Manchester, constituyeron el polo exportador más grande productos manufacturados.


El liverbird es internacionalmente reconocido como el símbolo de la ciudad de Liverpool. En el edificio Royal Liver Building, de cincuenta metros de altura, se hallan las estatuas de dos de estas aves o liverbirds, con sus alas desafiantes, que representan el espíritu indomable del pueblo de la ciudad. Uno de ellos, el macho, apunta hacia el mar para vigilar la llegada de intrusos; el otro, la hembra, mira a la ciudad como símbolo de protección a su familia. 


Nuestro conocimiento de esta ciudad arranca por parte del fútbol del Club de Liverpool y de la música por ser la ciudad de los Beatles. Su museo enclavado en las áreas portuarias más importantes al punto de ser declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad. Si bien llegamos bien entrada la tarde, la lluvia y el cansando nos bloqueó todas las posibilidades de salida de modo que solamente pudimos recorrer los alrededores de nuestro punto de referencia que era el hotel. Una verdadera lástima, en la que nosotros mismos somos esclavos de nuestra propia programación del tiempo.

7/26/2016

Bitácora de viaje – Día 9 – Dublín

Dublín amaneció nublada y con posibilidades de llovizna. Ya este tipo de situaciones no era problema para nosotros. Una buena campera y el paraguas de un pound y a la calle. 


Una panorámica de la ciudad, sus calles, sus barrios, sus edificios más importantes y sus monumentos y, porque no, su río. El Lyffei, corre de oeste a este a lo largo de 125 km y desemboca en la bahía de Dublín sobre el mar de Irlanda. Y por supuesto, el paso obligado por la Catedral de San Patricio. Arrancó siendo una pequeña iglesia de madera, luego de piedra hasta que en el 1200 se iniciaron las construcciones de la actual catedral, terminada setenta años después. Mantienen muchos elementos originales y toda la tradición religiosa vinculada a San Patricio (en Argentina  lo vinculamos con una noche de joda y cerveza), 

Aquí aparecen dos nombres importantes para Irlanda; Guinnes (el de la cerveza), por su trayectoria social y benefactora y Jonathan Swift, cuyo cuerpo se encuentra enterrado en una de las naves. De estructura gótica, con un gran campanario y las hermosas estructuras de vitraux, antiguas clases de catequesis para la gente del pueblo. Esculturas, decoraciones, hacen que el tiempo se congele y todo te parezca fugaz y momentáneo. Es para sentarse en esos bancos y mirar, y mirar, y mirar….


Hecho el recorrido clásico, nuestro objetivo enfiló hacia el Trinity Cóllege con su Biblioteca Nacional y el magnífico trabajo que realizaron para la recuperación del famoso libro de Kells (Book of Kells).




 Primero el Trinity Cóllege. Es la Universidad más antigua y más prestigiosa de Irlanda. Por sus aulas pasaron Jonatham Swift, Samuel Becket, Oscar Wilde entre otros. Fundada en 1596 `por la reina Isabel I sobre un antiguo monasterio para imponer otra alternativa a la educación considerada hasta ese momento demasiado “papista”. No olvidemos que se produce en esa época  la reconversión del cristianismo a la religión anglicano con Enrique VIII (principios del S. XVI). El edificio de neto estilo Georgiano se levanta imponente en el centro de Dublín. 

Su joya más preciada es la Old Library, una de las bibliotecas más grandes del mundo, recibiendo desde el año 1800 un ejemplar de la primera edición de todos los libros publicados en la Gran Bretaña e Irlanda.

La sala principal de la antigua biblioteca tiene cerca de 65 metros de largo, una gran altura y un almacenamiento de más de 200.000 libros. Esculturas, bustos de los escritores y el arpa, símbolo de Irlanda, son los objetos más visitados. El arpa hecha de roble y sauce con cuerdas de bronce es el emblema de una sociedad barda que aparece también en las monedas irlandesas y el recuerdo data del año 1014. La proclamación de la independencia en 1916 se encuentra en la biblioteca y sucedió cuando Patrick Pearse le leyó en voz alta frente al edificio principal de correos.


La otra sala que recibe todas las miradas y la atención es donde se encuentra el “Libro de Kelly”. Escrito hace más de 1000 años, es de la época en que la sociedad irlandesa era muy católica organizada en múltiples monasterios celtas, dedicados al estudio de la palabra de dios, al ayuno y al trabajo manual. El libro se asocia al principal monasterio en la Isla de Ioma cerca de la costa oeste de Escocia o en Kells cuando la isla fue saqueada y varios monjes perdieron la vida. El libro se conservó y llegó a Dublín en 1653 y se lo guarda en la Old Library. Su importancia radica en que  es considerado como la pieza principal del cristianismo celta y del arte hiberno-sajón– es, a pesar de estar inconcluso, uno de los más suntuosos manuscritos iluminados que han sobrevivido a la Edad Media. Debido a su gran belleza y a la excelente técnica de su acabado, muchos especialistas lo consideran uno de los más importantes vestigios del arte religioso medieval. Escrito en latín, el Libro de Kells contiene los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento, además de notas preliminares y explicativas, y numerosas ilustraciones y miniaturas coloreadas. El manuscrito contiene páginas totalmente llenas de motivos ornamentales de una complejidad extraordinaria, así como pequeñas ilustraciones que acompañan a las páginas de texto. El Libro de Kells utiliza una rica paleta de colores, con malva, rojo, rosa, verde y amarillo entre los más usados. De forma totalmente sorprendente, y a pesar del prestigio con el cual los monjes han querido rodear la obra, no hicieron uso de pan de oro o plata para adornar el manuscrito. Los pigmentos necesarios para las ilustraciones fueron importados de todos los rincones de Europa, y fueron objeto de profundos estudios: el negro se obtuvo de las velas, el rojo brillante del rejalgar, el amarillo del oropimente y el verde esmeralda de la malaquita pulverizada. El costosísimo lapislázuli, de coloración azul, procede del noreste de Afganistán.

Las miniaturas son más ricas y numerosas que en cualquier otro manuscrito bíblico de Gran Bretaña. Se cuentan diez páginas llenas de miniaturas que han sobrevivido a la prueba del tiempo, además de dos retratos de evangelistas, tres representaciones de los cuatro símbolos de los evangelistas, una página cuyos motivos recuerdan un tapiz, una miniatura de la Virgen y el Niño, otra miniatura de Cristo en el trono y, finalmente, dos últimas miniaturas dedicadas al juicio y a la tentación de Jesús. Por otro lado, existen otras trece páginas repletas de miniaturas acompañadas en esta ocasión por un breve texto: en particular, es el caso del inicio de cada Evangelio. Ocho de las diez páginas dedicadas a las tablas canónicas de Eusebio de Cesárea están también ricamente ilustradas. Además de todas estas páginas, se contabiliza en el conjunto de la obra un gran número de decoraciones más pequeñas o de iniciales iluminadas. Poder observar este trabajo que ha sido obra del silencio y de la tenacidad es algo hermoso. Para quienes gustamos de la historia, estos hechos nos ponen los pelos de punta de la emoción y de habernos encontrado cara a cara con esta belleza y hermosura. Por supuesto que los paradigmas del viaje son son iguales para todos. A mí, personalmente, estas cosas me emocionan casi hasta las lágrimas. Por eso lo comparto.


Salimos casi a la media tarde y con  tardías ganas de almorzar. Un clásico centro de compras (Kulkenys) con un servicio de comidas preparadas s nos permitió comer unas ensaladas y “agua de la canilla” y seguir viaje. El objetivo fue el Museo de Bellas Artes. La idea era poder observar una propuesta de 10 dibujos originales de Leonardo Da Vinci. Lo logramos. Entrada gratuita y pudimos verlos. Otros momentos más de emoción que  te llevan a exclamaciones raras. Hemos podido disfrutar como “bonus” adicional otros cuadros de la colección del museos. Algunos de ellos te llevan al éxtasis. Canaletto. Vermeer y otros que siempre debimos contentarnos con verlos en los libros.

Nos quedaron muchos lugares para visitar. Como la Fábrica Guinnes, algún monumento o caminar por la orilla del río. Ya a la tardecita nos sentamos frente a The Spire a tomar un té irlandés y ver qué programa nos quedaba. El cansancio nos pudo. Una ensalada de frutas fue la cena y el anticipo del descanso. Dublín nos había sorprendido gratamente. Emoción y lágrimas por aquella historia medieval.