10/18/2018

Bitácora de viaje. Día 10. Turquía: Dalyan y Antalya


Desayunamos y salimos de Marmaris. Esta es una ciudad costera, puerta de ferrys con toda Grecia y el Mediterráneo. Como ciudad portuaria parece muy prolija con calles y calzadas modernas. Bosques a sus alrededores y pequeñas colinas le dan un encanto especial. 




Nos dirigimos al río Dalyan para realizar una travesía y acercarnos a las tumbas Licias en la región de Myra. Una lancha pequeña permitió que todo el grupo ingresara en ella y desde ahí partimos. La primera parada, en una las piscinas de lodo que se encuentran esparcidas a lo largo del río Dalyan. Como llegas en barco, primero disfrutas de un paseo a través del impresionante río. Una vez allí, hubo algunos compañeros nuestros que se bañaron  en el suave fango para absorber todas sus propiedades terapéuticas. 


Estas piscinas se han utilizado como método de curación desde la antigüedad. Una vez de estar completamente embadurnado con el lodo rico en azufre, se enjuagan en las cálidas aguas termales, una experiencia verdaderamente relajante. La promesa de este baño era la de, por lo menos,  quitarte hasta diez años de encima. En realidad no lo hicimos y volvimos con nuestro pasaporte sin modificar. 


Seguimos el paseo por el rio hasta llegar en un recodo a las tumbas Licias, verdaderos túmulos esculpidas en la pared, de esas que te quedas asombrado. En una tierra, conquistada sucesivamente por los persas, por el mismísimo Alejandro Magno, por los romanos, los griegos y los turcos, las actuales ruinas históricas de Myra son un viaje histórico a lo que fue una de las ciudades más importantes de la antigua liga de Licia.


Su descubrimiento ue importante ya que esta especial necrópolis rupestre, en el bosque y junto al río fue privilegio de los reyes de los poderosos. La ciudad posee dos monumentales complejos de tumbas rupestres, excavadas en emplazamientos distintos: uno sobre el anfiteatro romano, y otro en una colina cercana, cuyos restos reciben el nombre de necrópolis del río. La mayoría de las tumbas están fechadas en el siglo IV a. C., y estuvieron decoradas con relieves y policromía. Talladas en la roca caliza, son  monumentales, con muchos metros de altura dan la impresión de un verdadero museo al aire libre.
Las tumbas licias más impresionantes pertenecieron a los gobernantes de la ciudad y son de estilo clásico, con un pórtico  un friso  sujeta el tímpano, en los que apenas se conservan relieves. Las tumbas más pobres se distinguen por entradas rectangulares con jambas y dinteles de piedra. La mayoría fueron saqueados y expoliados. En la actualidad, está prohibido acceder a las tumbas. Los restos de estas emocionantes construcciones pueden admirarse desde las aguas del río Dalyan.


Almorzamos comida turca en las orillas de río y partimos hacia Antalya una de las ciudades mas importantes de Turquía y seguramente la mayor en el sur de ese país. Muchos kilómetros de enlace nos permitieron obsrvar distintos paisajes de llanuras y de montañas. Muy buenas carreteras, incluso con arreglos arbóreos separando las distintas calzadas. La llegada a Antalya se produjo hacia el anochecer. La promesa era realizar rápidamente el check in y salir a realizar una caminata nocturna con nuestro guía que conocimos desde la mañana. Emre, de buen uso del español neutro sería el coordinador de los próximos diez días de recorrido por Turquía.


Luego de una cena rápida salimos del Hotel y nos dirigimos hacia la puerta de Adriano. Creada por el rey de Pérgamo en 150 AC fue apropiada pocos años después por los romanos. Cuando éstos estaban en plena expansión llegaron los cristianos y se hicieron de la mano de Pablo de Tarso y Bernabé.  Los Hechos de los apóstoles citan el paso de San Pablo por esta ciudad.. En el S. II pasó a ser una ciudad cristiana, siendo base ya en el Medievo de las cruzadas para ingresar en territorio turco y dirigirse hacia Jerusalén.


Está situada en medio de un paisaje sorprendente de agudos contrastes. Antalya, el principal enclave turístico de Turquía, es una ciudad atractiva con bulevares e hileras de palmeras que les dan sombra y un puerto deportivo donde se celebran competiciones y se disputan trofeos. 



En el pintoresco barrio antiguo, llamado Kaleiçi, hay una serie de calles estrechas y tortuosas y un conjunto de viejas casas de madera que se apoyan en las antiguas murallas de la ciudad. Es el antiguo centro de la ciudad, se encuentra rodeado por su interior y exterior por murallas. En su construcción participaron todas las civilizaciones que dominaron la ciudad durante más de dos mil años. Hoy en día una parte de las murallas siguen en pie. 
Existen 80 torres. En la zona amurallada las casas tradicionales de Antalya ocupan las calles estrechas entre el puerto y las murallas. Las casas antiguas de dos y tres plantas con jardín en la parte posterior reflejan de manera perfecta el ambiente y la atmósfera de Antalya. De noche el ambiente es festivo, de una movida turística muy importante con tiendas abiertas y restaurantes hasta bien entrada la noche.

10/17/2018

Bitácora de viaje. Día 9. Isla de Rodas


La mañana se inició como todas las mañanas de nuestro paseo por Rodas.

. Hermoso sol, cielo azul y muchas ganas de andar. Luego del desayuno nos propusimos hacer un recorrido por la isla. Con sus 80 km de largo y casi 40 de ancho, alberga sus casi 200.000 habitantes. Separada por pocos kilómetros, al norte se encuentran las cosas de Turquía. Gracias a sus buenas carreteras nos dirigimos hacia el sur, hacia Petaloudes (Πεταλούδες = mariposa) con el objeto de visitar y disfrutar un ambiente serrano y boscoso en un lugar llamado el valle de las Mariposas. 
Una especie muy particular, migrante y que se posa sobre los troncos de los árboles y sobre las rocas creando un manto vistoso y multicolor.  De Junio a septiembre, en el verano de la isla, bandadas de mariposas , de color rojo y marrón, llegan hasta deliciosa y húmeda garganta para reproducirse y mantener el ciclo vital. La caminata es en ascenso por senderos dentro del bosque, siguiendo el murmullo del agua del arroyo que baja de la montaña. Existe un pequeño museo interpretativo y en la cima del recorrido se encuentra un viejo monasterio.


El frescor de la arboleda, el suave canto del agua bajando entre las piedras y los rayos de sol que entraban entre el follaje nos mostraban las ágiles mariposas que con sus volteretas no podían ser captadas por nuestras cámaras. Sólo en el momento en que apoyadas en los troncos nos permitían el gesto de “grandes cazadores”. Con correctas consignas de no alejarse de los senderos, no fumar ni comer ni tirar sobras y el pedido especial de no molestar las mariposas,  tanto en la subida como en el descenso, disfrutamos de esa paz y del silencio que justamente no nos daba la ciudad de Rodas.




Luego de esta visita partimos hacia el otro lado de la isla con el objeto de visitar el pueblo de Lindos. En el camino nos detuvimos para conocer una pequeña fábrica de cerámica griega en la que no sólo pudimos observar cómo se fabrican (fabricaban) las vasijas para la comercialización sino a la vez remontarnos a las épocas remotas donde la cultura de la cerámica se iniciaba en la Grecia Clásica.


Terminada la visita y no habiéndonos decidido por ninguna de esas hermosas vasijas (grandes y caras) seguimos viaje hacia Lindos. Lindos es una localidad ubicada en la isla griega de Rodas. Es conocida por su acrópolis, ubicada en un acantilado, que incluye unas puertas monumentales del siglo IV y relieves del año 280 a. C. 
El templo de Atenea Lindia está construido sobre un templo más antiguo. En el nivel inferior está el castillo de los Caballeros de la Orden de San Juan, que data del siglo XIV. Entre los blancos edificios del municipio destaca la iglesia de la Virgen María de Lindos que alberga frescos del siglo XV. Su historia se origina a principios del S. V AC. Su acrópolis, una verdadera ciudadela natural sobre la colina y frente al mar tenía sus fortificaciones realizadas por romanos, griegos y bizantinos hasta la llegada de los Caballeros de San Juan (templarios).


 El pueblo de Lindos se encuentra a sus pies y es un conjunto de casas muy hermosas, pequeñas y coloridas, hoy transformadas en tiendas, bares y restaurantes donde todo el mundo, apiñado hacia uno y otro lado, paseamos buscando normalmente una salida. La vida se desarrolla por el cultivo de los campos vecinos y por el desarrollo del comercio con los turistas.

El acceso a la acrópolis se hace a través de un sendero al que se accede caminando o para algunos, particularmente si no son muy pesados, por los burros que los llevan hasta la acrópolis por un módico precio. Si prefieren también bajar el valor se duplica. Y aunque pareciera lo contrario, los burros van vienen transportando a los turistas que no prefieren la caminata de un par de km. Yo no la hice, ni en burro ni caminando, solo porque eran las dos de la tarde y el calor sobrepasaba los 30 grados. No se percibía ningún sendero sombreado. Se que me perdí lo mejor, pero el viaje nuestro recién andaba por la mitad.



En esta ciudad y gracias a esa ciudadela sobre las barrancas que caen directamente al mar se filmó aquella película que alguna vez vimos “Los cañones del Navarone”.
Más tarde salimos hacia Rodas y nos embarcamos en un Ferry para cruzar hasta Turquía. Un viaje de un par de hora para pernoctar en una ciudad turca llamada Mármaris. Aquí nos despedimos de Reyes  (María Reyes García Martínez) quien fue nuestra guía y coordinadora durante todo el trayecto griego. Realmente no podemos dejar de agradecerle su profesionalidad y buen tono para mantenernos atentos durante todos estos días de paseo por Grecia. Nos hizo fáciles las cosas y nos permitió resolver aquello que a veces el idioma impedía.

10/16/2018

Bitácora de viaje. Día 8. Atenas - Rodas


Los objetos y testimonios más importantes de la antigüedad clásica de Grecia se encuentran en el Museo Arqueológico de Atenas. Alberga en su colección superior a los 20.000 objetos con una verdadera y ordenada clasificación, de modo que la calidad interpretativa para el visitantes es de lo mejor.

No solo esta fue nuestra opinión sino que es considerado como uno de los museos de este tipo más importantes del mundo. A mi gusto que he visitado el de New York, el de Londres y los de Berlín, no me cabe duda que el de Atenas se encuentra en una  posición  inmejorable.






Las distintas colecciones con que se recorre el museo (prehistoria, esculturas, cerámica, bronces y otras historias – Egipto por ejemplo) están presentadas con mucha prolijidad, iluminadas para que el visitante ávido de poseer (fotográficamente) los objetos, sin necesidad del uso del flash y la doble grafía en griego e inglés, da un panorama de claridad y de verdadera didáctica expositiva.


Ubicado en el barrio de Exsharia convive con la Universidad Politécnica Nacional de Atenas. Iniciado en su construcción en el S. XIX sobrevivió a la segunda guerra mundial y a los intentos de saqueo y bombardeos, siendo sus piezas selladas y ocultadas cuidadosamente.

 

Cada cual que lo visita tiene sus propios amores por los objetos presentados. Aquellas láminas que recorrimos de chico en nuestros manuales de estudio, las encontrábamos “en vivo” gracias a esa presencia física del testimonio de una época pero visto en el “hoy” de nuestras miradas. 



Cuando terminamos el recorrido, mas por cansancio y por saturación informativa, nos dimos cuenta que estuvimos más de tres horas caminando, con ese paso de “vidrieras” que te cansa.


El tiempo tirano no nos dejó hacer muchas cosas más en Atenas. Salvo almorzar y preparar los petates para iniciar una aburrida travesía en Ferry durante toda la tarde y la noche hasta Rodas. Malos camarotes (no son los de los cruceros), hizo que nos levantáramos temprano para desayunar sobre una de las cubiertas y observar las islas y la entrada al puerto de Rodas. 


Casi como por reflejo buscamos  aquel “coloso” del que nos hablaron muchas veces en la escuela, sobre la mitología,  particularmente luego de aquella clásica película italiana que todos lloramos cuando el coloso caía en mil pedazos. El mismo director años después haría “el bueno, el malo y el feo”.


Desde la entrada por el puerto, Rodas te asombra. Distintas entradas por el mar, para los ferrys, para los cruceros, para las naves a vela y yates y en el fondo, una ciudad con muchas murallas, todas distintas, como muestra de la constante variación de los distintos poderes que se ocuparon de ella. 


Los romanos, persas, los griegos, los venecianos, los cruzados, los bizantinos, los otomanos. Cada uno construyó murallas por encima de las otras, resultando una ciudad altamente defendida. Lo que queda es una ciudad medieval, particularmente construida por la influencia de los Caballeros de san Juan. De todos modos, su clara ubicación estratégica, frente a las costas de Turquía y en las rutas del comercio, la gran variedad de poderosos comerciantes hizo pie en esta isla.  Incluso, hoy día, para todos aquellos comerciantes de los puestos y tiendas de la ciudad medieval, hermosa y compleja para recorrerla con sus distintas puertas y almenares, piensan que todos los turistas terminamos siendo “italianos”. Estos también tuvieron su dominación antes que los otomanos y los griegos de quienes depende actualmente la isla.



Tiene muy pocos carteles escritos en griego en sus calles y en sus comunicaciones visuales, lo que da la impresión de ser una de las islas más internacionales de Grecia y no sabría medir, cuánto menos nacionalismo. Mostrada ante el mundo, es un paraíso para el turismo. Cruceros de gran porte, aeropuerto propio y descenso de aviones como en los grandes de Europa, Rodas se transforma en una factoría de turismo de primer nivel. Y se la cuida por ello. Hoteles hermosos en sus playas y en sus costas hacen que miles de turistas se intercambien en forma permanente.



Por la tarde tuvimos descanso. Y lo mejor fue utilizar la piscina del hotel, ideal para refrescarnos del intenso calor que no nos abandonaba, al igual que el cielo azul de todos los días. Un atardecer desde el balcón de nuestra habitación puso la gota poética de un par de días intensos de viaje, movimiento, emoción y descubrimiento de la belleza. El sueño nos acaparó rápidamente como para olvidar la incómoda noche anterior en el ferry.