Nuevamente la mañana apareció neblinosa y fresca. Por
supuesto que repetimos la rutina ya que cuando uno está fuera de casa, estas
repeticiones no molestan. Desayuno. Natación en la piscina y a las once de la
mañana, con algunos tímidos rayos de sol que querían abrir el ambiente salimos
con el canasto del mate.
Nuestra primer parada fue el Monumento al Fundidor. Una
bella imagen y un perfecto sentido de homenaje al trabajo a veces invisible de
un pueblo. Está puesto sobre la colina donde se encuentra junto al lago. Ideal para matear mirando hacia el paisaje.
Un largo
puente sobre el coronamiento de la represa permitía el paso de uno al otro
lado. Y el variopinto juego de la gente en movimiento: un abuelo pescando son
sus dos nietitos, jóvenes en jogging haciendo su
jornada matutina de caminata, ciclistas en fila, muchas personas caminando libremente y
como “ocupando el tiempo” y demasiados autos para un mediodía de una ciudad a la
que uno pensaba que siendo feriado a esa hora podría seguir descansando.
El ferrocarril ha dejado su estación intacta y en ella se
realizan las actividades propias del transporte y se usa también para
actividades culturales. Es un hermoso espacio constructivo y a la vez un
espacio verde con posibilidades de comunicación y entretenimiento.
Durante el día caminamos y caminamos el centro recorriendo
sus calles principales. Hermosos edificios que llaman la atención no sólo por su diseño típico de principios del siglo XX, sino tambien por su conservación y estilo.
Existe un pequeño centro comercial a cielo abierto (mal
denominado peatonal según su diseñador,
otra vez mi amigo Roberto Porta), muchas calles comerciales con marcas
de ropas, mezcladas con perfumerías, restaurantes, ferreterías, casas de
electrodomésticos al lado de gimnasios. Y en los cafes, la gente. Compartiendo con sus amigos una conversación o una gaseosa o tal vez, hablando del personaje sentado solo en una mesa, con su sombrero y su corbatín. Ese que nos hizo asombrar con una sola mano, inmensos juegos de malabarismo con las cartas. La magia y el asombro. Siempre lo admiré a René Lavand (porque fue capaz de hacerme asombrar y sonreir con sus juegos) y me dió gusto verlo bien a punto de disfrutar su cafe. En fin, ese complicado convivir de
distintas formas comerciales es justamente una de las características de la
buena calidad de vida que tiene el Tandilense y que disfruta el turista.: La tranquilidad del pueblo con toda las ofertas de la gran
ciudad a la mano.
La hora de la cena nos llegó muy rápido. El chef de la
hostería nos deleitó con unas ensaladas verdes y un timbal de arroz junto con
arrollado de pollo. Un postre de helado y la conversación de mesa a mesa entre
los comensales hizo que la misma durara un poco más. Todos sabíamos que a la
mañana siguiente emprenderíamos el regreso a casa.
La hostería nos brindó una correcta hospitalidad con el trato de su gente, y con la puesta en si misma. Prolijanmente decorada con flores )clivias y amarylis entre otras), cuadros y objetos diversos que ofrecían una imagen de equisita calidad.
Realmente nos iremos de Tandil con muchas ganas de regresar.
Se lo pasa bien!
Buenas noches y hasta la próxima.