Ingresamos
al Bronx desde el ser (que viene a ser el norte de Manhattam) y allí nos
encontramos con un mundo de contrastes. Es la región de mayor superficie y de
menor densidad poblacional. Nos dijeron y lo hemos visto en las películas sobre
la antigua peligrosidad del barrio y la imposibilidad segura de entrar en él.
Eso fue antes y quedó allá en los finales del S.XX.
Hoy parece un distrito
seguro y tranquilo. Su composición hace que el 50 % de la población sea latina
y el 35 % afroamericana (concepto con el que se diferencia a los negros
descendientes de esclavos). Estos últimos nos resulta difícil diferenciarlos
por los preconceptos que tenemos pero para ellos es muy simple ya que esa
definición constituye su identidad.
El
Bronx tiene sus íconos característicos. Uno es el Yankee Stadium, uno de los clubes mas importantes de las ligas
de Beisbol y que ganó más de 22 veces la serie mundial. En contraste, es el
barrio que mayor criminalidad tuvo en el siglo pasado y que disminuyó gracias a
la política de Giuliani, de mano dura y tolerancia cero. Pero cuando suceden
estas cosas a veces se deja el huevo de
la serpiente y ese fue el mayor poder de la policía entonces y que se
desembarrancó con distintos casos que resultaron de impacto mundial. Volver al
equilibro entre el orden y el poder es una problemática actual, particularmente
luego del caso de la muerte de Amadou Diallo, ejecutado por policías y liberados
por la justicia blanca. La atención universal puso el ojo en estos temas que de
tanto en tanto suelen aparecer en Estados Unidos.
Paramos
a comer en un café colombiano. El tránsito se había hecho insoportable. Siendo domingo,
los distritos se llenan de actividades, maratones, reuniones sociales,
procesiones que hacen que las calles por las que uno deseaba circular por lo
conocidas se transforman en verdaderos nudos y apretones.
Brooklyn
en realidad fue el antiguo barrio obrero de New York, casas y urbanizaciones
preparadas para la gran masa trabajadora. Con el tiempo comenzó a adquirir
fuerza de transformación y hoy es un barrio elegido por los grandes que no desean
vivir en Manhattam y que lo pueden hacer muy bien en el Brooklyn. Casi todos
recordamos las películas de Woody Allen sobre el tema.
Entre sus contrastes se
puede ver la comunidad judía ortodoxa (Sat Mar), hermética, casi una repetición
histórica del guetto. Ellos viven sus vidas, nadie los molesta y no les gusta
que invadan ni su intimidad ni su identidad. Vive casi en los límites de la
zona de los mercadillos tan sorprendentes de Brooklyn.

Regresamos
en un bus público hasta la 5ª. y Broadway y ya nos dirigimos a tomar el metro
para llegar a nuestro hotel en New Jersey.
En quince minutos estábamos del otro
lado del río Hudson. Anochecía. Desde la ribera opuesta se podía ver con
magnificencia a Manhattam iluminada y bella.
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