10/28/2017

Bitácora de viaje. Día 7. Quebec

Hoy nos toca un viaje descansado y sin estrés. De Montreal a Quebec, siguiendo las orillas del Ríos San Lorenzo con sus bosques y llanuras de color verde de tonos variados. El agua es casi el elemento esencial de Canadá. Hay mucha. En sus grandes lagos, compartidos con Estados Unidos, en sus ríos y riachos que confluyen al Atlántico.
La humedad es la base de la fertilidad de un suelo totalmente trabajado. A veces pienso que es casi imposible que un país con una densidad demográfica pequeña (poca población en relación a tan inmenso territorio= pueda realizar el desarrollo que muestra.


Al llegar a la ciudad de Quebec comenzamos con un grado de asombro. Ingresamos por una gran avenida histórica donde podemos ver hacia un lado los edificios institucionales mas importantes y por el otro, el campo o la llanura de las batallas donde los canadienses recuerdan sus luchas con Estados Unidos y también sus arreglos para seguir viviendo como buenos vecinos.
Ingresamos al centro amurallado y nos dirigimos a la costa. Lo primero que se te impone es el Chateaux Frontenac, por su magnificencia, por sus dimensiones y también por su construcción.
Es un gran hotel, construido por la Canadian Pacific Railway, dueña de tierras y ferrocarriles. Es el ícono de Quebec desde donde se puede ver el puerto y la ciudad en sus mejores miradores.
Dicen que es el edificio más fotografiado del mundo, particularmente por  sus torres y torreones circulares, sus techos inclinados y su altura en relación al resto de las construcciones. Al frente un gran mirador hacia el puerto y hacia el centro histórico de la ciudad a la que accedimos dificultosamente bajando un par de centenares de escalones difíciles. A la mitad, no habiendo vuelta atrás debimos seguir hasta el bajo donde nos encontramos con tienditas de souvenirs, iglesias, restaurantes mantenidos con un gran criterio histórico como comercial. 

Después de pasear por esas callecitas decidimos superar las comidas picantes de los últimos días, muy propias de USA y sus cercanías y entramos en un restaurant italiano para disfrutar un buen plato de spaguetti con una generosa copa de vino canadiense. Muy bueno.


El puerto con sus cruceros inmensos, entre ellos el Quen Mary II, las ciudades de la otra orilla y las historias de la guerra en el campo de las batallas muestran un pueblo que mantiene sus tradiciones y su historia. Durante la influencia y autoridades inglesas se intentó quitar la memoria. No obstante al recuperar los territorios por parte de los franceses, en el Parlamento de Quebec se colocaron todas las estatuas de los grandes personajes de la historia, desde los líderes de los pueblos originarios, los ingleses, los pioneros y los franceses y una emblemática leyenda “ Je me suivons”. Yo me recuerdo”.  Impecable. Figura en el escudo de armas de la ciudad. Para no olvidar es el magnífico mural en este pequeño barrio del puerto donde todas las escenas narran la historia de la ciudad. Miles de chasquidos de las máquinas fotográficas impregnaban el ambiente. Una bella estética.

Desde allí salimos de Quebec para alejarnos unos treinta kilómetros y visitar la basílica de Santa Ana de Beaupre, centro de las peregrinaciones anuales de los canadienses. Creada para lugar de culto de las poblaciones vecinas, terminó siendo por los reportes de milagros y curaciones un centro de peregrinación (nuestro Luján), con una belleza de construcción y en un paraje muy especial.


Más tarde hicimos unos kilómetros y nos dirigimos hacia los Saltos de Montmorency. Situada su caída casi sobre el río San Lorenzo es un centro de visitas turísticas muy importante. Innumerables cantidades de escaleras permiten las caminatas de la gente tanto para subir hasta el pelo de las cascadas como para bajar a lo largo de tres kilómetros hasta donde descarga en el río.



Ya cuando creíamos que podíamos descansar tuvimos otra alternativa de visita. Ingresar en una finca donde preparan el famoso Sirope o Jarabe de Arce. Volvamos al principio.


 La hoja de arce figura en la bandera canadiense de color roja, justo antes de caer en el otoño. Durante el año es totalmente verde y permite rejuvenecer el árbol de Maple o Arce de modo que se le extrae el agua de azúcar con el que se fabrica el Sirope, Siruk o jarabe de Maple, ideal para comerlo con panqueques y otros deleites de la cocina. 

Les aclaro que no tenía la menor idea hasta el día anterior en que mi hija me pidió le llevara un frasquito. A veces la casualidad ayuda, como en este caso y ahí compramos el jarabe que en cualquier domingo de estos probaremos junto con los exquisitos panqueques que nos deleitará mi hija.
Esta visa a “la casa del Azúcar” en la Isla de Orleans nos permitió ver todo el proceso de adquisición del agua, su conversión a jarabe y la preparación final de distintos productos. El trabajo es muy artesanal pero evidentemente es reconocido como original de esta región y muy demandado por todos.





Cuando llegamos al hotel. Ya era de noche. No quedó ni tiempo ni ganas de seguir haciendo algo más. Solo para avivar el recuerdo de haber paseado todo un día por una ciudad hermosa, encantadora, muy francesa y con una gente amable. Un detalle adicional para seguir teniendo en cuenta en futuras visitas a este Pais. Quebec es la capital de la provincia francesa de Quebec. No es la capital de Canada.

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