10/29/2017

Bitácora de viaje. Día 8. Hacia Otawa



Dejamos los encantos de Quebec con sus tienditas y sus restaurants en el puerto, con ese gran mural donde la historia ha quedado plasmada con el hechos mas importantes de sus vidas, su gente amable y deliciosa y nos dirigimos a Otawa haciendo un camino largo. Primero iríamos hacia las montañas pasando por los bosques laurentinos.


Desde Octubre y por pocas semana es posible disfrutar la paleta diversa de colores que ofrecen los bosques canadienses, sus verdes intensos, sus hojas mutando a rojizo como el arce o maple,  conformando lo que se llama el escudo canadiense, un bioclima donde los bosques, las llanuras, los puntos de agua comunicándose en forma de ríos o arroyos circundan todo el norte entre los ríos San Lorenzo y Mac Kenzie. 



Aunque la característica clara de esta zona es el frío. Con fuertes nevadas en el invierno y un fresco que no pasa los 10 grados durante el resto del tiempo. En estos días creo que nos encontraremos con temperaturas mas agradables.


La población de Canadá, el segundo país más grande del mundo, apenas supera los 30 millones de habitantes y más de la mitad vive en las grandes ciudades del sur como Toronto, Montreal, Québec y la capital: Ottawa. El resto del escudo canadiense está casi despoblado y con su ecosistema intacto en su mayor parte, salvo en las áreas de más antigua ocupación.

 Los primeros pobladores, los inuits o esquimales, llegaron a Canadá a través del estrecho de Bering, perfectamente adaptados al clima riguroso han incorporados aquellos medios técnicos que facilitan su subsistencia.


Uno de los primeros lugares en que hicimos nuestra parada para almorzar es un pueblito muy bonito con su lago de color azul intenso, tanto como el cielo que nos fue acompañando hasta ahora durante todo el viaje.


No tiene más de 10.000 habitantes y llegó a ser un pueblo-clínica para atender la salud de todos aquellos que venían con problemas pulmonares. El aire puro, limpio, y el microclima del lugar hizo que un momento determinado se creara un ferrocarril para llegar hasta el lugar, lo que potenciaba la asistencia de pacientes y turistas. Las edificaciones que se realizaron alrededor del lago respondieron a esta propuesta de atención de la salud. Hoy no parece estar dedicado a ello aunque se ve a mucha gente grande que la ha elegido esta ciudad para pasar su tiempo de jubilados. La tranquilidad se nota y he visto un cartel invitando a “discutir tomando un pequeño café”.








Despues del almuerzo nos dirigimos a Mont Tremblant, un centro de esquí en el norte. Abierto durante esta época del año y con innumerables cantidades de propuestas para toda la familila.
Hay una playa de estacionamiento donde se dejan los vehículos y de ahí a la plata superior del centro, unos trescientos metros en altura, se encuentran las plazas desde donde se distribuyen todas las atracciones. Hasta ahí se llega en un medio de elevación gratis que pasa por sobre las edificaciones y te deja en la plaza principal.


A partir de ahí están todas las atracciones para chicos y grandes, la mas importnate en ese momento era lanzarse desde la punta del cerro en pequeños carros por un canal de madera hasta la base, subiendo nuevamente por los medios de su elevación, mientras los carritos se enganchaban automáticamente a los mismos para llegar hasta la cima Una vuelta infinita.

 





Los chicos disfrutaban con sus camas elásticas, sus correrías y caminatas por la montaña, haciendo rapel en paredes de distinta dificultad. Las marcas mas importante de ropa deportiva tienen su lugar ahí (Burton, Nike, Adidas y otras), asi como también las de camperas y ropa para el frío, skys y todo aquello que permita “gastar” el dinero de la gente. Lugares apropiados para tomar un cafecito o un capuchino, siempre con un paisaje alrededor muy hermoso.



Ya por la tardecita emprendimos el viaje de vuelta hacia Otawa, la capital de Canadá.

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