10/30/2017

Bitácora de viaje. Día 9. Ottawa


Ottawa es la capital de Canadá y con un poco más de un millón de habitantes se transforma en la cuarta ciudad en población. Lo es desde 1857 en que la Reina victoria decide nombrarla como tal para no crear diferencias entre las ciudades de habla francesa (Montreal y Quebec) y de habla inglesa (Toronto o Vancouver). A la vez la alejaba de los territorios de Estados Unidos que por aquella época todavía tenían sus intenciones expansivas.


De todos modos, al caminar por Ottawa no te parece que te encuentras en la capital de un país tan grande como lo es Canadá. Luego de estar en provincias francesas, ahora el inglés, la milla y la cartel ería prima por todas partes.
La ciudad tiene una escala muy especial y al ser cruzada por el rio y canal hacen del centro un hermoso lugar.


Ciudad tranquila, serena pese a la organización de lo público y de lo político. En la ciudad mantienen dos entes gubernamentales importantes. 
La Sede del comisionado de la Reina ya que Canadá pertenece al Commonwealth y por otro las autoridades nacionales y municipales.
La autoridad nación es parlamentaria con un primer ministro. En los días que pasamos por allí se eligió al representante de la reina (debe ser canadiense) y fue elegida una mujer para el cargo.


Su centro gubernamental es espléndido en cuanto a la arquitectura. Sus tres bloques gubernamentales, sobre las orillas del canal tienen una presencia muy importante. La zona comercial y financiera tiene su sello emblemático en la conjunción de la banca antigua (edificio) con la fusión arquitectónica de Calatrava y sus arcos y costillas sosteniendo grandes volúmenes de cristal.

A partir de la recorrida por la ciudad nos dirigimos hacia Toronto, aunque en el camino nos detendríamos para realizar una navegación recorriendo las mil islas del Río San Lorenzo, en esta región, límite entre Canadá y Estados Unidos.




Resulta una parada obligatoria realizar un pequeño crucero por el Thousand Islands, ubicada en la ruta que va de Montreal a Toronto.
El Río San Lorenzo es la comunicación natural entre el Atlántico y los Grandes Lagos (Hurón, Ontario, Michigan, Eri y Superior). Estos son compartidos entre ambos estados. 

Previamente a ellos se encuentra este sector del Río San Lorenzo con su belleza de islas en las que el sólo hecho de recorrerlas y observar su paisaje te produce la frescura y el bienestar de un hermoso paseo. 
Cada isla es propiedad privada y en ella se levantan desde pequeñas chozas de pescadores hasta castillos importantes, dependiendo de la superficie que cada isla tenga. Y más allá del paisaje se encuentran las historias que cuentan los lugares o que los propios turistas podemos comenzar a imaginar. Desde el Castillo de Boldt fruto de caprichos de multimillonarios, historias de guerras y de hadas y  fantasmas, de amores prohibidos y las historias de contrabandistas y fugitivos de la época de la ley seca. No las hemos contado a las islas aunque algunos hablan de más de 1600 islas en toda la región, con construcciones en la mayoría, casas de descanso y de placer. No sólo llegan los dueños de las principales ciudades de Canadá sino que llegan desde Búfalo, Cleveland, Pittsburg y Chicago. Solo con una buena condición: tener mucho dinero, lugar para que crezcan algún árbol y terreno suficiente para una construcción. Con 1000 ms ya se tiene una isla. La tarde de sol acompañó. La brisa fresca y un cielo azul nos pintaron las miles de fotografías que entre todos los turistas del crucero tomamos esa tarde.



Luego de comer un tentempié nos dirigimos a Toronto donde llegamos cuando estaba anocheciendo.

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