Como nos habíamos encontrado con nuestra
hija Muriel y su esposo (aunque cada cual anduviera por las suyas) habíamos
programado encontrarnos a la noche para ver juntos CATS.
De
modo que arrancamos con nuestra caminata desde el hotel hasta el Museum of
Modern Art (Moma) sobre la calle 53 entre la 5º y la 6º Avenue. Hasta ahí caminamos
en formato “mirando vidrieras” con paso lento y sin proponernos llegar
agotándonos. Hicimos nuestra parada obligada en el Times Square y observar a la
abigarrada multitud que se concentraba ya a las 9 de la mañana.
El Moma te sorprende en cada sala por donde pasás. Lo clásico, arrancamos por el piso superior y “siempre hacia la derecha”, con lo que nunca te quedan rincones sin conocer. Decir que es un “santuario” del arte pareciera una barbaridad, sin embargo lo es. Basta caminar y dejarte asombrar, particularmente por aquellas obras de arte, pinturas y esculturas que siempre te gustaron porque miramos las imágenes y fotografías. En esta oportunidad, las vemos en su forma original, en sus medidas, en su entorno, rodeados de gente sensible y admiradora del arte. El silencio forma parte del ambiente y en ese santuario, pareciera que es la forma de admiración y oración.
Picaso
con las Señoritas de Avignon, aquella pintura que tuvo su origen en el barrio
donde nació mi mujer en Barcelona, las pinturas de Chagall y Kandisky,
Mondriani y Matisse, Asombro sin parar con muchos pintures y artistas
desconocidos para nosotros pero con obras de belleza inigualable.
Mar
tarde, nos despedimos. Tomamos un taxi hasta nuestro hotel mientras ellos
caminaban a su lugar con la idea de encontrarnos al día siguiente en el
Aeropuerto para emprender el regreso.
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