10/20/2018

Bitácora de viaje. Día 12. Capadocia

Ya en la región de Capadocia lo primero que hicimos fue visitar, en las afueras de Nigde un increíble monasterio subterráneo del S. VII con sus frescos casi intactos protegidos por la temperatura de las cuevas y sus túneles. El lugar denominado Gumusler. Los frescos impresionan por su claridad, por la permanencia de los colores, ahí entre las rocas y a metros de la superficie. Ya Capadocia parecía una fiesta. De la naturaleza y del hombre. La conjunción de distintos tipos de accidentes geológicos, la erosión del viento y del agua han producido un paisaje alucinante que a medida que nos internamos en él nos asombramos en forma creciente.











La próxima parada fue Kaimacli ya no un templo sino una verdadera ciudad subterránea. En sus túneles y catacumbas se albergaban más de 30.000 personas que se ocultaban ante los feroces ataques de sus enemigos, que sucedieron a lo largo de muchos siglos. Se cree que los hititas (-5000 años) vivían en esta zona. Finalmente los cristianos se ocultaban allí (s. II y III) para huir de la persecución de los romanos. Capadocia es un territorio en medio  de la ruta de la seda y de las caravanas que iban entre Oriente y Occidente. También rutas militares de árabes y bizantinos. Existen más de diez ciudades de este tipo, siendo la más importante la de Kaimacli. Centenares de  habitaciones en casi diez plantas subterráneas. Dentro de la ciudad subterránea se encuentran iglesias, establos, escuelas, cocinas, cavas, cisternas y habitaciones de diferentes tamaños, con enfoque habitacional y social. 


Aún es posible distinguir las manchas de hollín en sus paredes.
Para garantizar que el aire dentro de la ciudad fuera suficiente y puro, cuenta con respiraderos de hasta 80 metros de profundidad que siguen cumpliendo su función hasta estos días. Aunque defenderse de posibles invasores ha sido prioridad para muchas civilizaciones a lo largo de la historia, es en Turquía y específicamente en la hermosa región de Capadocia, donde se puede apreciar los esfuerzos que sus habitantes hicieron para garantizar su seguridad. Kaimacli es una de las tres ciudades subterráneas abiertas al público de las treinta y seis que se encuentran en esta región. Construida entre los siglos V y X d.C., de los nueve pisos que se conocen, cuatro son accesibles ya que los demás están bajo la atención de investigadores o  no se han excavado aún.

Cuando llegamos a Uchisar, la sorpresa fue imponente. Es lo que define a Capadocia. Es un milagro formado a lo largo de los siglos como consecuencia de la erosión producida por el agua y el viento sobre la acumulación de capas distintas cenizas volcánicas arrojadas hace millones de años por los viejos volcanes de la zona, sobre una amplitud de mas de 20.000 Km cuadrados. Es una fiesta de colores y formas. Y en esas formaciones el hombre construyó su hábitat y cuando descubrió que que los lugares eran seguros,  los utilizaron como viviendas para su defensa.  No sólo construyeron sus ciudades sino también sus iglesias, particularmente los cristianos y en ellas se encuentran los frescos de diversos estilos que marcan todas las etapas del cristianismo desde el siglo II hasta el XIV. 

Pequeñas comunidades de anacoretas seguidores de San Basilio comenzaron a formarse en la región y empezaron a excavar celdas en la roca blanda. Durante el periodo iconoclasta (725-842) la decoración de la mayoría de santuarios de la región era mínima, normalmente simples símbolos como el de la cruz. Después de este periodo, se cavaron iglesias nuevas en la roca y fueron ricamente decoradas con coloridos frescos.


La zona de las iglesias en las que se pueden ingresar (no pensemos en grandes iglesias), sino en pequeñas entradas dentro de la roca donde pueden haber hasta dos o tres habitaciones con sus ábsides y sus frescos.
Toda esta región se encuentra dominada por el Parque Nacional el Goreme, donde se encuentran los distintos valles y desfiladeros, barrancas y mesetas donde todo paisaje es posible. En uno de los sitios enclavados es posible encontrar la iglesia de San Jorge que vence al dragón, historia mitológica que alcanza a muchos pueblos como su santo protector.

No fuimos a dormir a hora temprana. Luego de la cena quisimos conocer la “noche turca” un verdadero espectáculo de música y bailes que alegraron la noche. En una caverna excavada en la montaña del Uchisar, un salón repleto de turistas, aplaudió no sólo las conocidas danzas de los siete velos o del vientre, sino también una serie de danzas folklóricas representativas de las distintas regiones de Turquía, desde la central Anatolia hasta la alejada región de los Kurdos y de los Armenios. Al final todos entramos en el vértigo del baile terminando en una gran complacencia por la música latinoamericana que nos pusieron para acompañar la alegría de la danza.
Con los acordes de los últimos instrumentos debimos dejar el lugar porque el día siguiente comenzaría muy temprano

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