Existen
restos desde la ´poca bronce, aunque el conjunto de ruinas que definen a
Olimpia en la actualidad, datan desde el siglo IV AC en adelante. Es posible
encontrar obras de Fidias, documentos de los más importantes juegos realizados.
Un campo inmenso lleno de testimonios, desde los gimnasios (lugar donde se
entrenaban los hombres desnudos) hasta los campos de juego y carrera. El templo
dedicado al dios Apolo de oro y marfil, del cual solo se tienen documentaciones
escritas pero no restos del mismo. Su autor había sido Fidias. En 1989 fue
declarado Patrimonio Universal de la humanidad.
Existen
varios monumentos que testimonian los juegos olímpicos de la antigüedad. Muchas
de sus estatuas se encuentran en el Museo Arqueológico que se encuentra a su
lado y que resulta necesario visitar. Una excelente guiada a través de todo el
recinto olímpico y una buena visita el museo nos permitieron rescatar una
historia muy importante de la vida de Grecia.

Terminada
la visita nos dirigimos hacia Micenas. Mucho calor, un sol radiante hizo que
obviara la visita a su acrópolis. A la que vi desde un parador cercano. Fue una
pena importante no haber accedido a ella. Me quedaba como consuelo que al día
siguiente visitaríamos el Museo Arqueológico de Atenas y muchas de sus obras
estarían en él.
Fue Heinrich Schliemann
quien descubrió estos yacimientos
arqueológicos y a partir de ahí se comenzó a estructurar la historia de
la Grecia Antigua. Desde 1600 a 1100 AC. Son sus gigantescos muros y las tumbas
encontradas las que permitieron luego clasificar e interpretar todos los
hallazgos que fueron muchos y sumamente importantes.
La época micénica aparece
como la de mayor prosperidad y de ahí la riqueza y valor de sus hallazgos. La
mayoría se encuentran en el Museo Arqueológico de Atenas al que visitaríamos al
día siguiente. Pase a los discutidos intereses de la corona inglesa por poseer
esos valiosos tesores, la autoridad y entereza de Schliemann por mantenerlas en
Grecia, hizo que hoy las disfrutáramos en su museo de Atenas.
La salida
hacia Atenas tuvo una parada en Corinto para observar el profundo y ancho canal
que une el mar del Peloponeso con el Egeo. Más de seis kilómetros de longitud,
con un plano de Lesseps, resultó una aventura de la ingeniera que culminó a
fines del S. XIX. No es la solución del tráfico naviero por más que ahorre 700
kilómetros para quien los use.
Los grandes barcos de carga y de gran calado no
pueden pasar por allí, quedando solo para el turismo y para barcos pequeños que
deben hacerlo en una única dirección.
Las
rutas recorridas desde Patras hasta Atenas nos mostraron una Grecia más real,
en situación de crisis con descuido en sus caminos y muchas fábricas
abandonadas. El griego medio que tiene trabajo se encuentra más o menos bien.
Los desocupados o los que bordean la pobreza se encuentra en una situación
peor. Por los medios observamos que se ha producido una importante fuga de
recursos humanos de primer nivel hacia el centro de Europa lo cual degradaría
la situación a futuro. El barrio donde se encontraba nuestro hotel en Atenas se
encuentra rodeado de pobreza y de refugiados de Siria que deambulan todo el día
por las calles. Deseamos como para todos los hombres que encuentren el camino
de grandeza que en su momento tuvieron y que puedan incluir en él a todos sus
habitantes.
Terminada
la visita nos encaminamos a Atenas. Allí nos esperaba una hermosa cena en la
terraza del hotel con una fascinante vista del Partenón totalmente iluminado.
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